El mar de Dalí: el paisaje donde nacen los sueños

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El mar de Dalí: el paisaje donde nacen los sueños

Gaudi

El mar tiene una presencia tangible en la obra de Salvador Dalí. Puede aparecer al fondo de una escena o prestar su luz a una composición, pero siempre es un paisaje real: se trata de un rincón muy especial del Mediterráneo que ya forma parte de la historia del arte.

 

La importancia del mar

Desde Figueras, lugar de nacimiento de Salvador Dalí, se puede llegar en menos de una hora a un espacio natural único, encuadrado en el Cap de Creus. Quien visita este lugar por primera vez reconoce la luz que brilla en sus cuadros. Es la luz de Port Lligat, en la bahía de Cadaqués.

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Cap de Creus, Girona, España.

 

Hasta principios del siglo XX, el mar de esta región no solo era un medio de subsistencia, sino también su principal vía de acceso: vivir en Cadaqués era lo más parecido a vivir en una isla. La belleza hipnótica de este paisaje forma parte de la personalidad artística de Dalí. Por eso en su obra están muy presentes sus elementos fundamentales: la luminosidad, las rocas, el aire y el azul del Mediterráneo.

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Cadaqués, Girona, España.

 

Miradas soñadoras

Desde sus primeros pasos como pintor supo captar la esencia del paisaje. Por ejemplo, a través de la atmósfera apacible de Muchacha en la ventana, una de las obras más significativas de su etapa formativa. El joven Dalí muestra la influencia de Picasso y combina con maestría la distribución del espacio y las diferentes tonalidades. La muchacha es Anna Maria, hermana del artista, y el mar que contempla es la bahía de Cadaqués, donde la familia Dalí pasaba los veranos. La composición nos invita a sentir la suave brisa, subrayada de forma sutil por el movimiento de las cortinas.

 

«Mi paraíso místico comienza en los llanos del Empordà, rodeado por las colinas de La Albera y encuentra su plenitud en la bahía de Cadaqués».

Salvador Dalí

 

Volver a las raíces para mirar al futuro

A finales de los años 40, Dalí decidió abandonar Nueva York para instalarse definitivamente en su tierra natal. En 1929 había adquirido una casa de pescadores en lo que entonces era un paraje aislado. Allí estableció una vivienda y su principal taller de trabajo hasta 1982, año del fallecimiento de Gala. Hoy es la Casa-Museo de Salvador Dalí en Port LLigat.

Cuando ya era un artista reconocido, Dalí escogió un escenario sobre el que poder experimentar: un universo donde los cielos amplios y las pequeñas calas conviven con figuras paradójicas y los hallazgos visuales que configuran su lenguaje propio.            

 

 

Relojes, cielos y acantilados

El primer verano que pasó en Port Lligat inspiró una de sus obras más conocidas: La persistencia de la memoria (1931). En este cuadro aparecen el mar y las rocas características de la bahía, como también ocurre en Leda atómica (1949) o La Madona de Port Lligat (1949).

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La persistencia de la memoria, 1931. Óleo (24 × 33 cm.). MoMA, Nueva York, Estados Unidos.

 

La imagen del mar, convertido en un lienzo flotante, cobra un singular protagonismo en Dalí a la edad de seis años, cuando pensaba que era una niña, levantando la piel del agua para ver un perro durmiendo a la sombra del mar (1950). Este cuadro puede resumir la esencia de la búsqueda creativa promovida por los surrealistas: hay que dejarse sorprender con los ojos de un niño y aprender a ver más allá de la superficie de las cosas.

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Izq. La Madona de Portlligat, 1949. Óleo sobre tela. Marquette University, Milwaukee, Wisconsin.

Dcha. Leda atómica, 1947-49. Óleo sobre tela (61 x 46 cm). Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, España.

 

Espacio, tiempo y genialidad

La conexión de Dalí con el paisaje no se limita al aspecto geográfico. El viento que azota la comarca del Empordà, la tramontana, es uno de los factores que, según el saber popular, modelan el carácter de sus habitantes. Las consecuencias que solían atribuirse a este fenómeno meteorológico tan turbulento incluían desde el carácter excéntrico hasta la enajenación transitoria. Este paisaje es, sin duda, terreno abonado para que las semillas del surrealismo dieran lugar a su representante más destacado.

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Cristo de los escombros, 1931. Situado en el olivar de la Casa-Museo de Portlligat, es una obra formada por distintos materiales de rechazo.

 

«Port Lligat es el lugar de las realizaciones... Todo se conjura para que así sea: el tiempo transcurre más lentamente y cada hora tiene su justa dimensión. Hay una tranquilidad geológica: es un caso planetario único».

Salvador Dalí

 

Dalí en ARTIKA

El genio del surrealismo ha estado muy presente en nuestra trayectoria editorial. El catálogo de ARTIKA incluye cuatro obras exclusivas, ya agotadas, con Dalí como protagonista: desde nuestra primera edición limitada, Don Quijote (2003), siguiendo con Autobiografía de Cellini (2004), Los ensayos de Montaigne (2005) y Los cantos de Maldoror (2011). Son obras que muestran la personal visión artística de Salvador Dalí a partir de cuatro clásicos de la literatura.

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El mar de Dalí: el paisaje donde nacen los sueños

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