Botero: revisión contemporánea del arte occidental

Se cumplen dos años de la muerte de este gran maestro, y para celebrarlo revisamos su obra, así como él lo hizo con la historia que le precedió. Por ejemplo, en la serie Vía Crucis, su arte –puro color, volumen y monumentalidad— traslada referencias de Occidente, deteniéndose especialmente en el martirio de Cristo. Junto a ese enfoque tan personal y contemporáneo, esta mirada retrospectiva no obedece tanto a una devoción por los relatos y escenas como la voluntad de acercar la idea de estos a la nueva complejidad del presente. El Boterismo cuenta con una historia propia, y así es que su evolución personal se refleja en su pintura. La contemplación de su obra, junto a las precisas observaciones de Camilo Castaño, curador investigador del Museo de Antioquia y partícipe en el libro de artista Vía Crucis, sitúan al artista en el antes desde el ahora.

 

Color, técnica y concepto con el paso del tiempo

En una primera etapa, se observa a un Botero más formal, centrado en la construcción de un estilo propio y con un deseo imperioso de monumentalidad que lo conecta con el muralismo.  Son cuadros protagonizados por un rostro o un cuerpo, sin dar voz a una línea temática concreta.

“Sus personajes anegan, inundan, el espacio pictórico. Son verdaderos gigantes, monolitos, poderosos visualmente, pero también silenciosos.”

Izq.: Escena familiar, 1969. Óleo sobre tela, 211 x 195 cm.

Dcha.: Pera, 1976. Óleo sobre tela. 241 x 196 cm.

 

A medida que el autor convierte sus ambiciones e inquietudes en experiencias entre el paso irrefrenable del tiempo y los múltiples destinos pasajeros, su presencia en el mundo del arte integra lo conceptual como asunto tan relevante como el técnico y visual.

En todo momento, estas figuras voluminosas han connotado algo más allá de una apariencia que rompe con la forma clásica de representar el cuerpo humano. Sin embargo, el sentimiento que estas representan al principio y al final de su obra es una perspectiva que se transforma. De encarnar una sensualidad grandilocuente, pasan a ser imágenes de las distintas formas de sufrimiento humano. En la edición Vía Crucis, se observa esta madurez del artista: “plantea un asunto sobre el dolor, sobre la tortura, y estos asuntos uno los puede sentir en los cuerpos”, señala Castaño.

Izq.: Flagelación de Cristo, 2010. Óleo sobre lienzo, 205 × 99 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia. @carlostobonelfotografo

Dcha.: Los clavos, 2011. Óleo sobre lienzo, 30 x 40 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia. @carlostobonelfotografo

 

A su vez, este cambio de significado va acompañado de la paleta: junto al estilo, el color se vuelve también un recurso emocional. No hay etapa de su carrera artística en la que Botero pretenda establecer relación con la realidad: sus pinturas no son una vista panorámica, sino la extrapolación de un detalle. Cuando pintaba Medellín, por ejemplo, la pintura final era el retrato del sentimiento adscrito y no de la ciudad como tal.

“La maestría de este artista es plastificar este asunto del lugar en una idea sobre él mismo, porque si buscáramos ese Medellín que Botero habitó cuando era joven y que se lleva con él para el desarrollo de su trabajo pues no lo encontraríamos.”

 

Maestros y periodos pasados predilectos

El universo de Botero, propio e indiscutiblemente definido, da su primer paso con algunas influencias tan evidentes como lo fueron esenciales para su creación, con la mención de dos nombres en primer plano. En las escenas y series religiosas hay mucho de Andrea Mantegna, participando junto a ella en el tratamiento del martirio de Cristo. Y el segundo es Piero della Francesca, por un símil mucho más formal que se observa, en primera instancia, en la estructura de los rostros de los personajes pictóricos.

Además, de tantos movimientos y etapas artísticas que construyen el arte occidental, Botero se infunde sobre todo en el Barroco, aunque su pintura disfruta de un sentido del humor que atenúa la gravedad tanto del movimiento como del análisis que hace de esta historia. Estas miradas al pasado se configuran, no como una plantilla sobre la que desarrollar su obra, sino como un deseo de dar cabida a lo prescrito en nuevos espacios y tiempos. Dicha descontextualización del relato o de sus protagonistas es frecuente desde la figura de Cristo, que lo mismo la sitúa en Central Park de Nueva York (Crucifixión, 2011) como en su Latinoamérica (Jesús y la multitud, 2010).

Izq.: Crucifixión, 2011. Óleo sobre lienzo, 201 × 127 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia. @carlostobonelfotografo

Dcha.: Jesús y la multitud, 2010. Óleo sobre lienzo, 106 x 81 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia.

 

Al mundo desde Medellín: entre lo universal y lo personal

“Botero se asume como un individuo que es heredero de esta tradición y de alguna manera establece una conversación en el tiempo con artistas de muchos momentos y lugares para la construcción de su propia historia.”

El proceso documental del artista alberga dos vertientes: la lectura de la tradición y la leyenda, y la observación del presente. Por esta segunda rama, Botero parte desde Medellín hacia América y Europa, aunque no pierde nunca la noción de hogar. Estos estos viajes moldean su carrera artística de forma esencial, vertebrando especialmente la conceptualización general de su obra: la historia del arte occidental.

Llena de referencias contenidas en cuerpos gruesos y robustos, el artista consigue construir un universo personal que se siente como estar entre un recuerdo y un sueño, entre Colombia y el resto del mundo. Los volúmenes y proporciones que son uno de los sellos de identidad más instantáneos que lo distinguen en esta lectura, que lo asumen como un nuevo narrador contemporáneo de la tradición y un puente entre el antes y el ahora que permite al público sentirse parte de algo que no vivió. Tal como apunta Castaño en su entrevista para ARTIKA:

“Botero casi que nos presenta una paráfrasis, una figura literaria de exacerbación de la realidad que nos hace sentirla emocionalmente y emotivamente cuando la contemplamos.”

Izq.: Cerca a la cruz, 2010. Acuarela, lápiz y lápiz de color sobre papel, 40 × 30 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia. @carlostobonelfotografo

Dcha.: Jesús y Verónica, 2010. Acuarela, lápiz y lápiz de color sobre papel, 40 × 30 cm. Museo de Antioquia, Medellín, Colombia. @carlostobonelfotografo

 

‘VÍA CRUCIS’, un viaje en el tiempo de ida y vuelta

– Edición numerada y limitada a 2.998 ejemplares, realizada en colaboración con el artista y el Museo de Antioquia.

– Compuesta por dos volúmenes, presentados en un estuche-expositor cuya imagen principal es un detalle siluetado del óleo Cerca de la Cruz, inédito hasta ahora, que precede la portada del Libro de Arte.

– El Libro de Arte incluye 34 láminas que describen la Pasión de Cristo a través de escenas que el autor reinterpreta con su estilo único, acompañado cada una de una cita bíblica.

– En el Libro de Estudios destacan las voces de Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO; David Ebony, crítico estadounidense; María del Rosario Escobar, directora general, y Camilo Castaño, curador del Museo de Antioquia. Sus aportaciones abordan el papel social, cultural y artístico de Botero a nivel mundial estudiando su obra en general y analizando cada lámina de la edición.

 

 

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