Viajar para contar: el legado fotográfico de Steve McCurry
Cuando se observa una fotografía de Steve McCurry resulta imposible no reconocer su maestría en esta disciplina. Así lo explica Mario Calabresi, escritor y periodista, para la edición Capturando la vida: “Sus fotografías, tan capaces de interpelar a cualquier persona, que quien las observa y disfruta sin pensar demasiado tiene la sensación de que nacen de un gran instinto, de un talento innato para captar al vuelo el teatro del mundo”.
Esta sensación no es casualidad. La frescura y energía de sus imágenes son el resultado de la paciencia, la constancia y la tenacidad que el fotógrafo ha tenido para saber fotografiar lo mejor de cada país.
El resultado de sus imágenes es fruto de un trabajo constante que implica viajar sin descanso y pasar largos periodos lejos de su hogar, con el fin de descubrir nuevas costumbres y documentar historias que nadie había documentado antes.
Los numerosos viajes que ha realizado a lo largo de su vida le han permitido capturar momentos inolvidables para la sociedad, algunos ampliamente reconocidos y otros menos conocidos, pero igual de significativos. Su verdadera vocación siempre fue el reportaje de viajes: narrar historias sobre personas, tradiciones, culturas y sociedades a través de la fotografía.
Steve McCurry tomando té, Afganistán (1980)
Hasta entonces, McCurry nunca había fotografiado un conflicto bélico. Afganistán se convirtió en el primer reportaje de guerra que documentó a lo largo de su carrera. Para llevarlo a cabo, se introdujo de manera clandestina en el país y se unió a un grupo de muyahidines. Durante tres semanas viajó de noche y a pie, alimentándose de pan y queso, sin poder comunicarse bien con sus acompañantes. En ese tiempo, McCurry documentó la rutina diaria del grupo y logró inmortalizar escenas y momentos que, hasta entonces, nadie había tenido la oportunidad de presenciar. Tras su primer viaje, regresó meses más tarde y logró capturar las primeras imágenes del conflicto de Afganistan, fotografías que revelaron al mundo entero la realidad de lo que estaba sucediendo en el país.

Escena en un balcón de Beirut, Líbano (1982)
El éxito mundial de sus fotografías sobre la guerra afgana lo llevó, dos años después, en 1982, a proponerse documentar la guerra civil libanesa. Su capacidad para otorgar protagonismo a las personas y revelar la humanidad que persiste incluso en contextos de lucha y muerte hace que sus imágenes trasciendan la documentación bélica. Así, sus fotografías se convierten en relatos individuales de quienes viven a diario las consecuencias de la guerra y se ven obligados a adaptar su existencia a una realidad profundamente desgarradora.

Sastre durante las inundaciones del monzón en Porbandar, India (1983)
El anhelo de experiencia le llevó a emprender un largo viaje por la India, pasando también por Indonesia, Sri Lanka y el Nepal, con el objetivo de hacer una crónica del monzón. La fotografia Monsoon girl, capturada por el neozelandés Brian Brake, fue lo que impulsó a McCurry a querer mostrar cómo millones de personas convivían cada año con fenómenos naturales extremos. Cámara en mano y con el agua hasta el pecho, McCurry recorría las calles de Porbandar cuando empezaba a diluviar. Fue allí donde se cruzó con un sastre que cargaba en el hombro su máquina de coser. La imagen se convirtió en la encarnación del fatalismo: la figura de un hombre que acepta la fuerza imponente de la naturaleza frente a la fragilidad del ser humano.

Camellos en un campo petrolífero en llamas en Al Ahmadi, Kuwait (1991)
Esta fotografía, tomada durante la primera guerra del Golfo, es un testimonio de las consecuencias de la guerra sobre el medio ambiente. Su objetivo no era documentar el conflicto bélico en sí, sino mostrar al mundo cómo queda un país tras el desastre. La imagen posee una fuerza visual impactante: al fondo, el fuego quema sin control los campos petrolíferos, mientras unos camellos deambulan en busca de alimento. Su hogar ya no es el mismo; la guerra lo ha destruido todo, arrasando con la naturaleza y alterando el equilibrio de la vida. En el paisaje solo permanecen el silencio, la desolación y una profunda tristeza.

Ruinas tras el 11 de septiembre en Nueva York, Estados Unidos (2001)
Steve McCurry tiene el don de encontrarse en lugares marcados por la desolación. En 2001 regresaba de su viaje al Tíbet cuando, la mañana del 11 de septiembre, se despertó y se dirigió a su estudio fotográfico en Washington Square. Al asomarse por la ventana, fue testigo del ataque que vivieron las Torres Gemelas. Ante la magnitud de la catástrofe, decidió documentar el suceso. Salió a la calle y, cámara en mano, comenzó a acercarse a la zona cero, avanzando en dirección opuesta a la de los transeúntes que huían. Las fotografías que realizó documentaron el estado en que quedaron los dos edificios, convertidos en escombros tras la pérdida de miles de vida.
Tras este recorrido por varios viajes realizados por Steve McCurry, resulta asombroso comprobar cuántas veces ha sido testigo directo de realidades del mundo que, para muchos, permanecen desconocidas. Su extraordinario trabajo lo ha consagrado como uno de los grandes fotógrafos contemporáneos; sin embargo, lejos de sentirse plenamente satisfecho, él mismo reconoce: “No me siento seguro de haber tenido nunca la sensación de haber cumplido mis sueños, porque me sigue moviendo una curiosidad insaciable por seguir explorando, por querer descubrir nuevos lugares y nuevas personas”. Esa inquietud constante es, precisamente, la que mantiene viva su mirada y da sentido a una obra que continúa creciendo y emocionando.

Una edición limitada, numerada y firmada por Steve McCurry
– “Capturando la vidaes la colección definitiva de mi trabajo: una pieza que representa aquello por lo que me gustaría ser recordado”. – Steve McCurry
– El artista ha estado involucrado en cada etapa de la creación del proyecto: desde la selección de las imágenes icónicas hasta la firma de cada uno de los 2.998 ejemplares.
– La pieza consta de dos volúmenes y un espectacular estuche que rinde homenaje a La niña afgana, la fotografía que adornó la portada de National Geographicen 1985.
– El Libro de Arte presenta 40 fotografías originales, reproducidas con la más alta calidad y acompañadas de los comentarios personales de McCurry.
– El Libro de Estudio explora el viaje artístico y personal del fotógrafo a través de las reflexiones de Pico Iyer y Mario Calabresi.


