Crear para recobrar la cordura: el último año de Vincent van Gogh

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Crear para recobrar la cordura: el último año de Vincent van Gogh

Van Gogh

Los cuadros de Van Gogh desprenden una intensidad hipnótica y atemporal. Por eso nos siguen atrapando. A pesar de que sus últimos años fueron difíciles, Vincent todavía creó algunas de sus mejores obras. Cuando en 1889 ingresó en un psiquiátrico, solo puso una condición: que le dejaran seguir pintando. Así se escribió una página de la historia del arte que pudo haber quedado en blanco.

 

Un espíritu atormentado

A sus 36 años y después de varias crisis, Vincent van Gogh era motivo de preocupación para sus allegados. Todos consideraban que el artista era incapaz de vivir solo, en especial después del episodio en el que, después de una disputa con Paul Gauguin, él mismo se cortó una oreja.

 

En busca de la paz interior

El 8 de mayo de 1889, Vincent ingresó por voluntad propia en un pequeño asilo situado en las afueras de Saint-Rémy-de-Provence. Fue la opción más acertada, sobre todo porque pudo cumplir su deseo de seguir creando. En una de sus cartas a su hermano lo deja claro: «Si, tarde o temprano, mejoro un poco es porque me he recuperado pintando».

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Los lirios, 1889. Óleo sobre lienzo, 71 x 93 cm. J. Paul Getty Museum

 

Crisis e inspiración

Gracias a un permiso especial, pintó cipreses, olivos, lirios y lilas en los alrededores del sanatorio. En los días en las que estaba demasiado débil, pintaba desde la ventana de su habitación óleos como La noche estrellada, una de sus obras maestras.

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La noche estrellada, 1889. Óleo sobre lienzo, 73 x 92 cm. Museum of Modern Art (MoMA).

 

Al no disponer de modelos adecuados, ejercía el autorretrato o buscaba inspiración en obras de artistas a quienes admiraba. Y cuando durante un tiempo le prohibieron usar sus pinturas, después de que intentara envenenarse con ellas, se centraba en sus dibujos. «Lo principal es seguir trabajando», escribió en una de sus cartas.


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Bodegón de los cuatro cuadernos de Van Gogh incluidos en la obra La mirada de Vincent de ARTIKA.

 

Empezar desde cero

El 16 de mayo de 1890, Van Gogh abandonó el sanatorio y se estableció en Auvers-sur-Oise bajo la supervisión del Doctor Paul Ferdinand Gachet, amigo de Théo. Vincent siguió pintando sin descanso jardines, trigales, la iglesia de Auvers y los célebres retratos del Doctor Gachet. Vivió una intensa recuperación de su fuerza creativa. Hasta que, el 29 de julio de 1890, Vincent se disparó en el estómago mientras pintaba en uno de los campos que tanto le inspiraron. Murió después de una agonía de 36 horas.

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El doctor Paul Gachet, Auvers-sur-Oise, 1890. Óleo sobre lienzo, 68 x 57 cm. Musée d’Orsay, París.

 

Un giro decisivo

Si no hubiese ingresado en el sanatorio de Saint-Rémy, Van Gogh pudo haber sido enviado a un asilo de Marsella, mucho más masificado, donde no hubiese disfrutado de libertad de movimientos ni de privilegios para seguir pintando. Eso hubiera aumentado el sufrimiento de sus últimos días. Y, probablemente, no nos hubiera dejado algunas de sus obras más admiradas.

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Autorretrato, 1889. Óleo sobre lienzo, 65 x 54,5 cm. Musée d’Orsay

 

Un talento incomprendido

Muchas veces se crea una imagen unidimensional de Van Gogh: el genio irascible y con arrebatos irracionales. Sin embargo, al leer su correspondencia descubrimos a un trabajador incansable, siempre en busca de un lenguaje propio. Por ejemplo, a través de su uso expresivo del color. Como él mismo apuntó: «En vez de intentar reproducir exactamente lo que tengo ante mis ojos, utilizo el color de una forma más arbitraria para poder expresarme con mayor energía».

Vincent van Gogh no solo anticipó del expresionismo, sino que abrió de par en par las puertas de la modernidad. El talento que hizo único a Van Gogh no residía en su inestabilidad emocional. Dicho de otro modo, su genialidad como pintor fue posible a pesar de su condición psiquiátrica, no gracias a ella.

 

El artista y el ser humano

Las cartas de Van Gogh nos permiten conocer tanto su estado anímico como sus inquietudes como artista. Están acompañadas de bocetos y dibujos con los que Vincent muestra a su hermano la evolución de sus ideas. También tienen un gran valor por su calidad narrativa. Por todo ello, son el conjunto de documentos privados más importante que se conserva de un artista.

Esta correspondencia está reunida, junto a los cuadernos de bocetos del artista, en una obra exclusiva de ARTIKA: La mirada de Vincent, una edición ya agotada que se creó en colaboración con el Van Gogh Museum.

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Crear para recobrar la cordura: el último año de Vincent van Gogh

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