El romanticismo de Sorolla: Clotilde, el alma de su inspiración
Joaquín Sorolla no solo fue un virtuoso en la pintura, también, y en muchas ocasiones, destacó en el dibujo (se conservan más de 5.000), y en la escritura. Sorolla intercambió durante años cartas con su mujer, Clotilde García del Castillo, en las que expresaba con infinita devoción sus sentimientos hacia ella. Conocemos esta faceta del artista gracias a que Blanca Pons-Sorolla y su tío Víctor Lorente Sorolla trabajaron en la conservación y recopilación de esas cartas en un gran epistolario que recopiló las conversaciones más íntimas del matrimonio Sorolla.
El eterno amor entre Sorolla y Clotilde
Sorolla pudo dedicarse de lleno a su gran pasión por el arte gracias a su familia, quien lo arropaba y apoyaba en todos sus logros. Clotilde fue clave en la vida del artista, no solo por ser su gran amor, sino por guiar y ayudar a Sorolla durante toda su trayectoria como artista. Y es que pocas mujeres tenían el carácter y la determinación de Clotilde en esos tiempos. Una mujer decidida, culta y trabajadora era la mejor compañía que podía tener alguien que vivía más fuera que dentro de casa, para así dar a conocer su arte por el mundo entero.
El gesto de amor y devoción que tuvo Clotilde, tras la muerte del artista, es un verdadero testimonio de la profunda admiración que sintió por él a lo largo de toda su vida.
“No hay mayor acto de amor a su marido, que el legar todo para que perdure. Es la última ayuda que podía hacerle.” (Entrevista a Blanca Pons-Sorolla en exclusiva para la edición Sorolla íntimo)

Izq.: Sorolla pintando el cuadro Clotilde con traje negro, 1906.
Dcha.: Clotilde con traje negro, 1906.
Tal y como nos relataba la bisnieta del artista, Clotilde decidió tener un acto de generosidad incomparable: donar todo para la creación del Museo Sorolla. Consciente del valor incalculable del legado artístico de su esposo, entregó no solo sus obras –cuadros, dibujos y cartas— sino también la casa, los jardines y todos aquellos objetos que ella misma había cuidado con esmero. Visitar el Museo Sorolla es adentrarse en la vida del artista, conocer su esencia y sumergirse en la intimidad de su mundo. Este gesto no solo buscaba preservar la memoria de Sorolla, sino garantizar que las generaciones futuras pudieran estudiar su arte y mantener vivo el reconocimiento internacional que él había alcanzado en vida.
Así, Clotilde convirtió su amor en un legado tangible, asegurando que la luz y el espíritu creativo de Sorolla continuaran inspirando al mundo más allá de su tiempo.
Las cartas, un recuerdo que perdura en el tiempo
Las epístolas fueron un elemento clave en la relación, ya que era el único medio por el que Sorolla podía transmitir su amor a Clotilde, cuando estaba a kilómetros de distancia. Blanca Pons-Sorolla se sincera en “Sorolla y Clotilde: Una historia de amor ilustrada” (capítulo escrito en exclusiva para la edición Sorolla íntimo) y nos cuenta la parte más íntima de sus bisabuelos. Es gracias a esas cartas, que podemos conocer en profundidad la maravillosa relación que existía entre el matrimonio.

Izq.: Joaquín Sorolla y Clotilde, 1901.
Dcha.: Cartas de Sorolla que ponen al día a Clotilde sobre su estancia allí, mientras acompaña las letras de algunos dibujos de los clientes hospedados en el hotel, Sevilla, 1914.
Sorolla y Clotilde se casaron en 1888, y al nacer María, su primera hija, Clotilde dejó de acompañarle tan a menudo en sus viajes. Esto les hizo distanciarse, por eso el recurso de la escritura fue el más utilizado entre el matrimonio para mantenerse al día. Fue así como Clotilde le pedía a su marido:
“Mi querido Joaquín: ayer no te escribí y hoy te escribo por no perder la costumbre (y porque me parece que cuando te escribo estás más cerca de mí), pero sin saber dónde te podré enviar ésta, pues hasta ahora no sé en Granada donde dirigirte las mías)”.
Así fue como las cartas empezaron a transformarse en extensos epistolarios, escritos incluso en distintos momentos del día. En todas ellas, su esposa era la protagonista. A ella le confiaba sus alegrías como pintor, sus dudas, sus momentos de desesperación, así como la emoción y las lágrimas que surgían cuando podía expresarse con la tranquilidad y pasión que necesitaba. Y, por encima de todo, siempre manifestaba el deseo profundo de tenerla a su lado. En 1907 Sorolla declaraba:
“Todo mi cariño está reconcentrado en ti, y si bien los hijos son los hijos, tú eres más, mucho más… Eres mi carne, mi vida y mi cerebro, llenas el vacío que mi vida de hombre sin afectos de padre y madre tenía antes de conocerte, eres mi ideal perpetuo y sin ti nada me importaría lo que hoy me preocupa y te preocupa, así que no hay que temer nada de nada”.

Izq.: Clotilde leyendo, Asís, c. 1888.
Dcha. Sup.: Clotilde tapando un brasero, c. 1891-1892.
Dcha. Inf.: Clotilde leyendo, Valencia, 1902.
Clotilde respondía a todas las cartas, y en muchas de ellas expresaba su tristeza por la distancia que los separaba, lamentando no poder estar más tiempo junto a él y sin encontrar una manera de cambiar esa situación.
“Yo por mí lo que quisiera es no haberme separado de ti ni un momento, bien lo sabes tú, pero también me duele que los chicos pierdan un tiempo que luego es difícil de encontrar y como no es posible que yo me parta en dos, de ahí que debe pagarlo mi maridito que es tan culpable de que yo tenga otros seres a quien querer y por los que hay que sacrificarse”.
Los retratos que revelan el alma de Clotilde
A lo largo de su carrera, Sorolla retrató a Clotilde como prueba de la admiración que sentía por su amada. Ella no solo era su musa, sino una presencia constante e imprescindible. La repetición no era por costumbre, sino por devoción: era la forma que tenía el artista de homenajear a su pareja. Comenta Blanca Pons-Sorolla que los retratos le parecían más reales que las fotografías; como comentaba “eran más verdad que la verdad misma”. (Entrevista a Blanca Pons-Sorolla en exclusiva para la edición Sorolla íntimo).
Estos retratos conforman un auténtico visual de cómo el artista veía a su mujer. En obras como Clotilde c.1902, su mirada se pierde hacia otro lado, pensativa, en una actitud introspectiva que invita al espectador a imaginar su mundo interior.
La elegancia también cobra protagonismo en retratos como Clotilde con traje blanco y Clotilde con mantilla española, ambos realizados en 1902. Aquí su figura no solo se impone por su porte, sino también por el detallismo en la representación de las prendas de vestir, destacando su papel dentro de la alta sociedad y su sentido del estilo.

Izq.: Clotilde, c. 1902.
Inf. Izq.: Clotilde con traje blanco, 1902.
Inf. medio: Clotilde con mantilla española, 1902.
Dcha.: Clotilde contemplando la Venus de Milo, 1897.
Sorolla también nos ofrece una imagen de Clotilde como mujer culta y sensible al arte, como se aprecia en Clotilde contemplando la Venus de Milo (1897), donde la vemos en un momento de contemplación estética, manteniendo un diálogo silencioso con la belleza clásica.
Finalmente, algunos de los retratos más íntimos son aquellos en los que aparece como madre, en escenas donde la ternura y la cercanía se hacen protagonistas. Obras como Madre (1895-1900) muestran la faceta más íntima y vulnerable de Clotilde, revelando no solo el vínculo con sus hijos, sino también la visión amorosa y respetuosa que Sorolla tenía de la maternidad.

Madre, 1895-1900.
Sorolla Íntimo, el arte como un baúl de recuerdos
-Edición numerada y limitada a 2.998 ejemplares, elaborada en colaboración con el Museo Sorolla y Blanca Pons-Sorolla, bisnieta del pintor y patrona de la Fundación.
-Compuesta por dos volúmenes, un epistolario y una lámina de arte presentados en un estuche-expositor, cuya imagen principal es un detalle del óleo Instantánea, Biarritz, portada del Libro de Arte.
-El Libro de Arte incluye 71 dibujos que transportan su experiencia más personal al entorno doméstico y familiar.
-En el Libro de Estudios las expertas Inés Abril y Mónica Rodríguez analizan los dibujos de la obra, mientras que Blanca Pons-Sorolla, Consuelo Luca de Tena, María López, Covadonga Pitarch y Eulalio y Pilar Pozo hablan acerca de la familia y la conversación de la obra gráfica del artista.
-El epistolario: Tres décadas de amor, reúne 210 cartas de las 2.000 que se conservan. Prologado por Isabel Justo, las cartas son un testimonio socioeconómico y político de su época, al tiempo que se leen como una historia de amor pasional y parental.
-La edición incluye la lámina Estudio del natural, c.1905, un retrato de Clotilde a carboncillo, clarión y óleo rojo que presidió el dormitorio del matrimonio durante años.



