La lírica visual de Joan Miró: Cántico del sol, su obra más personal

Joan Miró (1893-1983) es una de las figuras más influyentes del arte del siglo XX y un referente indiscutible. Su espíritu inquieto e insaciable lo llevó a crear una de las estéticas más originales del arte. Aunque la pintura fue el eje central de su trayectoria, también exploró con profundidad la escultura, el grabado y la cerámica, ampliando los límites de su expresión y experimentando con nuevas técnicas y materiales.

Se dice que “asesinó la pintura”, no como un gesto de destrucción, sino como una forma radical de reinventarla. A lo largo de años de dedicación y exploración, fue construyendo un lenguaje propio que culminó en una estética madura basada en la síntesis y la depuración formal. La reducción de colores y elementos a signos esenciales dio lugar a una comunicación aparentemente simple, pero con un gran significado poético y simbólico. En esa economía de recursos reside la fuerza de su creación: una capacidad única para transmitir emociones, ideas y universos interiores con una intensidad que sigue resonando en el arte contemporáneo.

 

La configuración del lenguaje mironiano

Para entender cómo llegó a desarrollar un lenguaje tan personal y reconocible, es necesario remontarse a sus inicios y, en particular, a la década de 1920. Durante esos años se trasladó a París, epicentro de las vanguardias artísticas. Allí entró en contacto con el círculo surrealista, con figuras como Pablo Picasso, además de relacionarse con poetas y creadores que ampliaron su horizonte artístico.

Pese a instalarse en la capital francesa, el pintor siguió pasando temporadas en Mont-roig, el pueblo de su padre donde su familia tenía una casa de campo. Este lugar se convirtió en un espacio de retiro y de conexión íntima con la naturaleza. La Masía (1921-22) fue el primer cuadro donde empezó a experimentar con su estilo propio. Su vínculo con el paisaje le ayudó a crear un imaginario creativo que más tarde se reflejaría en obras como Cántico del Sol.

La Masía, 1921-22, Libro de Estudios de Homenaje a Gaudí (2013) de ARTIKA BOOKS.

 

El contraste entre la agitación intelectual y artística de París, y la serenidad terrenal de Mont-roig fue fundamental en la configuración de su estilo. De la ciudad obtuvo el impulso innovador y el diálogo con las vanguardias; del entorno rural, la raíz simbólica, la observación del paisaje y una sensibilidad poética hacia lo terrenal. El hecho de visitar otras ciudades como Nueva York o Tokio, e instalándose definitivamente en Palma de Mallorca huyendo de la Segunda Guerra Mundial, lo enriqueció como artista, aprendiendo un poco de cada lugar en el que estaba. Así fue como aprendió nuevas técnicas y formas de pintar que poco a poco le ayudarían a definir un universo artístico propio.

 

El reflejo de su plenitud cósmica y espiritual

En 1975, Joan Miró publicó el que sería el trabajo más representativo de su cosmos creativo y su lenguaje maduro. Cántico del Sol nace como inspiración del poema que escribió San Francisco de Asís en 1225 titulado El Cántico de las Criaturas.

El poema original es un himno de alabanza a Dios por su creación y una muestra de agradecimiento por los componentes de la naturaleza. 750 años más tarde, el pintor encontró en esos versos una conexión con su propia forma de sentir y entender el mundo natural. A diferencia del texto de San Francisco, de carácter claramente religioso, el artista lo transformó en un canto visual con un nuevo significado. A través de sus grabados, une lo espiritual, lo cósmico, lo místico y lo esencial para expresar su propia visión de su entorno y del universo.

Fresco en la Basílica de San Francisco en Asís de Francisco de Asís. Predicación a los pajarillos, aprox. 1296. Giotto (1267-1337).

 

Ofrece una interpretación más moderna, donde rinde homenaje a sus raíces en Mont-roig, el lugar que marcó profundamente su vida y su trabajo. En esta serie expresa gratitud a la madre tierra, por todos los elementos que nos brinda y que nos rodean cada día. Es un gesto de agradecimiento en el que eleva incluso los detalles más pequeños.

Cántico del Sol no solo era la culminación de casi cinco décadas de experiencia técnica y desarrollo personal, también era la primera vez que sus ilustraciones se concebían como respuesta directa a un texto. Su estilo había alcanzado la cúspide, donde la simplicidad expresiva se convierte en magnitud poética y en la que rinde homenaje a lo terrenal, a su fuerza vital y a su presencia en nuestra vida cotidiana.

Formas y colores: los grandes protagonistas de esta obra

Su lenguaje maduro se caracteriza por utilizar una paleta cromática muy definida, basada en cuatro colores fundamentales que se convierten en signos distintivos de su imaginario artístico. A través de estas tonalidades y de un repertorio de formas simples, construye un estilo profundamente simbólico.

Grabados de Cántico del Sol, de izq. a dcha. Grabado número 24, Grabado número 11, Grabado número 2 y Grabado número 7. ©Fundació Joan Miró.

 

A lo largo del conjunto se aprecia un uso limitado del cromatismo, donde cada color adquiere un significado preciso. El rojo se asocia a motivos de gran intensidad, como el sol o el fuego, y destaca por su viveza, atrayendo la mirada del espectador y aportando una gran fuerza a la composición. El amarillo, en cambio, se vincula con la luz y los astros, y genera una sensación de luminosidad y equilibrio.

El verde remite a la tierra, a lo orgánico y a la naturaleza. Por último, el azul ocupa un lugar especialmente significativo: su tonalidad, inconfundiblemente mironiana, evoca el espacio, el cielo y el mundo onírico, convirtiéndose en uno de los rasgos más reconocibles de su creación. Aunque el negro actúa como parte estructural que delimita formas e ideas, y aparecen de manera puntual colores secundarios como el morado o el marrón, el conjunto de la obra se organiza en torno a esos cuatro tonos, que funcionan como los pilares simbólicos de su código visual.

Más allá de la gama cromática, las formas y los símbolos que aparecen en este cántico visual son los verdaderos protagonistas del relato. A través de ellos se construye una narración visual que articula significados, emociones y referencias a su imaginario.

El motivo que encabeza la colección de grabados es el Sol. Además de dirigir nuestro ciclo diario, tiene una función anunciadora, ya que pone en marcha la narración que nos cuenta a través de esta serie. Para el autor, es presencia material y fuerza espiritual.

La Luna y las estrellas son el siguiente símbolo que retrata. Muestra a la Luna en sus diversas fases. Las estrellas se presentan como astros que la acompañan en sus diferentes estados.

A partir de aquí se introducen figuras que extrae del poema de San Francisco. El viento es puro movimiento y pura sensación. Invisible a la vez que palpable. Inestable e impredecible, carece de forma o sustancia, pero se alarga en el tiempo y en el espacio. En definitiva, el viento está condicionado por el tiempo y el clima, pero también condiciona todo aquello con el que entra en contacto, sirviendo como puente visual hacia el siguiente protagonista del estuche de esta obra.

Grabados de Cántico del Sol, de izq. a dcha. Grabado número 35, Grabado número 23, Grabado número 16 y Grabado número 33. ©Fundació Joan Miró.

 

El agua es la que sostiene la vida. Es la lluvia y el mar, sin ella muchas cosas no existirían. Le dedica un total de seis láminas, convirtiéndola en el símbolo más representado de la serie.

En contraposición al agua aparece el fuego. Este símbolo se representa como una explosión cósmica, parecida al big bang, de la que surge materia y vida. Además, entendía el poder del fuego como una fuerza física.

La última figura con la que se concluye el Cántico del Sol es la tierra. Como oda a esta misma “la cual nos sustenta y gobierna, y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba” (fragmento extraído de la traducción en español del poema El Cántico de las Criaturas). Miró muestra el último elemento como un objeto físico y, a la vez, como el terreno simbólico del que nace la vida y en el que esta alcanza todo su potencial. Para completar los grabados dedicados a la hermana Tierra, acaba el conjunto con la representación de una simple brizna de hierba, ampliada hasta llenar toda la página. Recordándonos que los elementos más pequeños de la creación no son menos importantes que los más grandiosos.

Grabado número 32, de Cántico del Sol.  ©Fundació Joan Miró.

 

Cántico del Sol: un viaje por el universo de Miró

– Esta pieza está compuesta por dos volúmenes y un estuche simbólico que rinde homenaje al grabado número 20 de la serie más emblemática de Miró.

– El Libro de Arte cuenta con 33 láminas reproducidas al 75% del tamaño original.

– El Libro de Estudios recorre toda la carrera de Miró, desde sus primeros años en Mont-roig hasta su período de madurez artística, que culmina en esta gran obra, a través de las aportaciones de los expertos Robert Lubar Messeri, Mercedes Durban Monreal y Jacques Dalarun.

 

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